Almohadillas plantares, esas pequeñas olvidadas…

¿Sabías qué las almohadillas del perro funcionan como amortiguadores que reducen de forma importante la presión que recibe su cuerpo mientras camina o corre?

Esta zona de apoyo, preparada para estar en contacto con la superficie del suelo, está formada por  una estructura de tejido muy especializada, en la que encontramos una gruesa epidermis que le protege de traumatismos mecánicos, depósitos de grasa que le proporcionan elasticidad para absorber golpes y una gran inervación que le proporciona gran sensibilidad sobre el terreno.

Cuando son cachorros, las almohadillas son rosas y blanditas y, salvo excesos de actividad, los paseos y la rutina diaria van fortaleciéndolas día a día y de manera natural, por lo que resulta conveniente alternar el paseo por zonas verdes con asfalto, así no sólo evitaremos el desgaste, sino también iremos acostumbrando las almohadillas al asfalto, dando tiempo a que se endurezcan poco a poco y se hagan más resistentes.

No hay que olvidar que nuestros perros no llevan zapatos, por lo que al caminar “descalzos” y, aunque la piel que cubre las almohadillas es muy resistente, éstas están expuestas a diferentes factores y pueden desgastarse, cortarse o erosionarse.

¿Cómo protegerlas?

-En la ciudad: Combinar la acera con zonas ajardinadas o cubiertas con césped es una buena idea para proteger las almohadillas del perro, útil y conviene tenerlo en cuenta durante todas las épocas del año.

Caminatas y ejercicio: las almohadillas son sensibles y se curten con el tiempo por lo que sufrirán si comenzamos con largas caminatas. Debemos ir poco a poco, trabajando diariamente y haciendo el ejercicio progresivo, permitiendo que las almohadillas se vayan endureciendo cada vez más y se vayan haciendo cada vez más resistentes a abrasiones externas.

Tras las caminatas, conviene revisar sus almohadillas para detectar posibles llagas o heridas que haya que curar, así como cuerpos extraños, como por ejemplo espigas

En verano:  Hay que tener mucho cuidado en verano ya que el pavimento puede quemar las almohadillas, llegando a provocar llagas y quemaduras. Muchas veces nos detenemos en semáforos y pasos de peatones sin darnos cuenta de que nuestro animal está encima de un asfalto que literalmente “abrasa” y sin zapatos.

La arena de la playa también se convierte en una incómoda y peligrosa superficie capaz de quemar la piel de apoyo del perro. Transitar por la orilla, sobre la zona mojada del litoral, es una buena forma de evitar llagas o ampollas

-En invierno: el  frío intenso puede provocar agrietamiento, fisuras o quemaduras incluso. En caso de hielo o nieve es conveniente la utilización de vaselina entre los dedos y almohadillas, pues actúa como barrera, así como el uso de botas protectores para que tenga un paseo o carrera cómodo y seguro.

Mantener una buena hidratación, una almohadilla sana debe estar siempre en perfecto estado de hidratación y ser elástica para amortiguar los golpes al andar por cualquier terreno.

Si tienes cualquier duda o consulta no dudes en ponerte en contacto conmigo. Soy Carmen Ceres, veterinaria especializada en fisioterapia de perros y gatos.

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